Nueva ley de colegios profesionalesSeguro que has oído hablar del famoso borrador de la nueva Ley de Colegios Profesionales que está preparando el Gobierno y que ya ha pasado por un largo periodo de alegaciones. Mucho les va a cambiar la vida a los colegios y por ende a los colegiados cuando se apruebe, y parece que será más bien pronto que tarde ya que este Gobierno, como todos sabemos, goza de mayoría absoluta y no necesita apoyos externos para aprobar una ley que, según parece, viene, además, exigida por Europa.

Dentro de todo esto entiendo que habrá cosas buenas y cosas malas, al menos a tenor de lo que se ha filtrado, pero, en general, creo que los profesionales del interiorismo podríamos salir ganando si hacemos las cosas bien. Puede suponer, incluso, la última oportunidad de ocupar el lugar que merecemos, si es que lo merecemos.

Según parece las altas instancias europeas vienen exigiendo a España avances en el terreno de la libre competitividad profesional, aspecto no muy cuidado, más bien olvidado, en la ley que dio origen a los colegios profesionales (Ley 2/1974, de 13 de febrero, sobre Colegios Profesionales), y que tampoco mejoró mucho con la última aportación (Ley 25/2009, de 22 de diciembre, de modificación de diversas leyes para su adaptación a la Ley sobre el libre acceso a las actividades de servicios y su ejercicio – Ley Ómnibus).

Todas las profesiones, una más y otras menos, sufren intrusismo, la nuestra no es menos, pero desde aquí siempre hemos defendido que el camino para combatir el intrusismo profesional no es la prohibición sino la información. Cuando un recién titulado, o un «simple» interesado en una determinada profesión, llama a su colegio para informarse de cómo funciona un mercado desconocido para él no se le puede responder con imposiciones sino con información. Se le debe exponer claramente cuáles son los beneficios de estar colegiado y visar sus trabajos, beneficios para él, beneficios para el cliente y beneficios para el colectivo.

Opino que esa misma actitud es la que sería recomendable trasladar, y esta es la verdadera razón existencial de un colegio profesional, al posible usuario/cliente/consumidor de nuestros servicios. Sería recomendable que nuestros clientes conocieran de primera mano cuáles son los beneficios de contratar a un profesional titulado y colegiado, en este caso un diseñador de interiores. Si el usuario no tienen claro cómo podemos ayudarle mal nos puede contratar, sobre todo cuando otro le ofrece servicios «similares» a un precio mucho menor.

Colegios como el de médicos, el de arquitectos o el de abogados tienen este aspecto claramente cubierto y, repito, esta es, a mi parecer, la misión más importante de un colegio profesional como el nuestro, un colegio que representa una profesión tan necesaria como desconocida y que ocupa un lugar no solapado con ningún otro profesional, salvando arquitectos, por tanto con un tremendo potencial humano y mercantil.

Lectura recomendada sobre la nueva ley de colegios profesionales: «El Gobierno reduce de 80 a 38 profesiones la colegiación obligatoria».

Los diseñadores de interiores no estarán obligados a colegiarse

Quizá la novedad más importante que traerá la nueva ley es la NO obligación de colegiación. Sí estarán obligados a colegiarse los médicos, arquitectos, abogados, enfermeros… y así hasta 38 profesiones entre las que NO se encuentran el diseño de interiores. Dicho llanamente, un diseñador de interiores podrá ejercer su profesión sin necesidad de estar colegiado.

Esto, para muchos, significa la muerte de los colegios y por tanto una indefensión total del profesional. No me gustan los discursos apocalípticos y menos aun cuando suenan pretenciosos, y este sin duda lo es. Repito, opino que casi todos nuestros problemas se solucionan con información y comunicación. Si un colegio determinado aporta realmente valor al colegiado, si es capaz de vender su labor tal como el profesional vende la suya, entonces nos colegiaremos. En caso contrario no. Así funciona el mercado. Si bien los mercados totalmente liberales han demostrado que no son capaces de sobrevivir mucho tiempo bajo ciertas constricciones éticas y morales, a los regulados tampoco le ha ido mejor. Quizá en el punto intermedio esté la clave del éxito, como tantas otras veces.

En este sentido, y en aras de romper el monopolio local que ejercían las delegaciones territoriales de los colegios, tampoco será obligatorio, en caso de que quieras colegiarte, hacerlo en la delegación que pertenezca a tu dirección fiscal o de residencia. Podrás elegir la delegación territorial que más te convenza, la que mejor funciona, la que más ayuda al colegiado, la que mejor y mayor labor hace por la profesión… Esto es libertad de competencia y aumenta las opciones del consumidor a la vez que fomenta la competitividad colegial y que los mejores colegios/delegaciones subsistan mientras los peores, los anclados en el pasado, mueren.

Según he podido leer, a pesar de que nada es definitivo todavía, hay multitud de aspectos nuevos y todos ellos nos afectan en mayor o menor medida, directa o indirectamente. Desde la eliminación de la cuota de inscripción o el establecimiento de una cuota máxima anual (240 euros) para los colegios de colegiación obligatoria (no es nuestro caso). La obligatoriedad de aceptar la baja colegial en un plazo máximo de dos días, la eliminación de la función de confeccionar las listas de peritos judiciales o la prohibición de que los cargos directivos en los órganos de gestión colegiales contraten familiares directos o reciban regalos, aspecto este bastante extendido y aceptado por muy cuaternario que parezca.

Veremos qué es lo que se aprueba finalmente y cómo afecta al interiorismo. En principio, el mayor revuelo o miedo que se detecta es el temor a la indefensión de las profesiones que pasan a ser de «no obligada colegiación», por ejemplo el diseño interior, en favor de profesiones «cercanas» en las que sí será obligatorio colegiarse, por ejemplo arquitectura.

No importa que un arquitecto pueda hacer nuestro trabajo mientras que el cliente sepa que el profesional más cualificado para ello es un diseñador de interiores.

De cualquier manera, tanto el colegio de arquitectos, como el de arquitectos técnicos, siempre han sido colegios fuertes por su gran cantidad de atribuciones exclusivas. Pero su verdadera fortaleza radica, la que debemos combatir, en su capacidad comunicativa. De alguna manera han sabido trasladar a la gente su valor, en qué son buenos, en qué son únicos y cuando son necesarios. Si nosotros, o nuestro colegio, fuera capaz de tamaña labor ni siquiera sería necesario tener claras, exclusivas y aisladas atribuciones. No tiene mayor importancia que un arquitecto pueda, según sus atribuciones legales, hacer nuestro trabajo. Si el cliente supiera que el profesional más cualificado para hacerlo es un diseñador de interiores, contactaría con uno de nosotros, y no con un arquitecto, o lo que es peor, con un tendero que vende cortinas y proyectos de interiorismo.

Si yo tuviera la oportunidad de decidir algo dentro de cualquier «estamento colegial» lo primero que haría sería formar o contratar un buen gabinete de comunicación. La fortaleza de nuestro futuro colegio y su capacidad para luchar por esa parcela profesional no dependerá de que estemos obligados o no a colegiarnos, sino de su capacidad para convencernos de que es lo mejor que podemos hacer para vivir de nuestra pasión, y de su actitud para unir de forma solidaria e ilusionante a una profesión que, hasta ahora, se ha visto abandonada y totalmente indefensa ante un feroz e incontrolado intrusismo y una olvidada competencia desleal.

Observar diariamente cómo en la calle se atropellan nuestras atribuciones y en las redes sociales se mantienen debates abiertos sobre si una persona que lleva toda la vida colgando cuadros puede vender o no un proyecto de interiorismo es algo totalmente surrealista, y por otra parte un debate que nunca existiría si el usuario tuviera claro quién puede y quién no puede, o debe, hacer proyectos de interiorismo, y digo más aun, un debate que nunca existiría si el usuario tuviera claro qué es realmente un proyecto de interiorismo. Comunicar esto es, no solo nuestra labor y la de nuestro futuro colegio, sino nuestra única vía de subsistencia como colectivo profesional. Por esto celebro la futura libre competencia entre delegaciones territoriales en pro de que subsistan las buenas, luego de una sana competitividad que las haga mejorar continuamente.

El cliente debe convencerse por sí mismo, como diseñadores de interior tan solo debemos enseñarle lo que podemos hacer por él.

Tenemos que modernizarnos, abrir nuevos canales, actualizar las instituciones y órganos de gobierno y para ello lo primero que debemos hacer es cambiar nuestra propia actitud ante la gente. No podemos obligar a nadie a que nos compre. El cliente debe convencerse por sí mismo, tan solo tenemos que enseñarle lo que podemos hacer por él. Decía el gran gurú de la gestión empresarial Peter Druker que «si hemos hecho un buen marketing puede que no sea necesario vender, en el sentido estricto de la palabra». Esto es lo que tiene que hacer nuestro «nuevo colegio», hacer un buen marketing, reformular la profesión y su propia necesidad existencial.

Imagen: Moisés con los Diez Mandamientos (DP).

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