Hoy he tenido un pequeño debate con un buen cliente y sobre todo amigo que aunque ha sido en relación a algo que poco, o más bien nada, tiene que ver con el mundo del diseño y la arquitectura interior, bien se puede aplicar al mismo y sacar conclusiones de cara a mejorar nuestra forma de actuar en un futuro. Para centrar el artículo te adelanto que lo que voy a contar se refiere a la vital importancia que tiene un buen análisis previo en arquitectura e interiorismo.

Pensando en esto he recordado unas palabras de Isabel Aguirre de Urcola (Arquitecta, Premio Nacional de Arquitectura Manuel de la Dehesa), buena profesora que he tenido en la Escuela de Arquitectura de A Coruña. Isabel intentaba resaltar la importancia de una planificación previa ante lo que supone el hecho de enfrentarse a un proyecto, del tipo que sea. Resaltaba lo vital e imprescindible de ese momento de introspección, de pensamiento profundo previo a la acción.La importancia de un buen analisis previo en Arquitectura e Interiorismo.

Estoy convencido de que si alguien ajeno al mundo del interiorismo tuviera que imaginar el día a día de un diseñador de interiores, de un arquitecto, de un creativo o similar… la imagen que cobraría vida en sus retinas sería la de una persona dibujando, rodeada de materiales constructivos, visitando una obra…. Seguramente fuesen muy pocos los que se imaginasen a esa misma persona pensando, documentándose, leyendo sobre cualquier materia o buscando información sobre el tema más extraño. La profesora Aguirre nos contaba que para ella suponía un miedo increíble pasar de esa fase previa a los primeros bocetos, al dibujo sobre el folio en blanco, porque sin lugar a dudas, una vez llegado a lo segundo ya no caben las preguntas sin respuestas. Pasar de una fase a la siguiente, supone tener el control absoluto sobre lo que tratamos. Todo tipo de dudas sobre lo que estamos creando ya habrán sido resueltas y todo lo proyectado, lo definido, tendrá unos motivos claros. Nuestras ideas, todas nuestras decisiones tienen un porqué y todo ello nos vendrá dado gracias a esa fase de análisis previo. Si fallamos en lo primero es imposible concluir en un buen resultado. Qué duda cabe que dicha acción no garantiza la calidad final, pero también es cierto que si el resultado de esa primera etapa no es todo lo bueno que debiera la siguiente “parada” del proceso creativo inevitablemente será igual o inferior a la anterior, pero jamás superara a su antecesora.

Leyenda o no, se cuenta que Frank Lloyd Wright y la gente de su estudio dibujaron los planos del proyecto de la “Casa de la Cascada” en apenas dos horas tras el aviso inesperado de Edgar Kaufmann, promotor de la misma, para conocer el estado de su encargo. Nada más recibir la llamada se pusieron a dibujar apresuradamente las ideas que el maestro tenía en su cabeza y para sorpresa de sus empleados, Wright tenía el proyecto completo de la vivienda en su mente. Incluso conocía la ubicación exacta de cada piedra y las peculiaridades topográficas de toda la parcela. Simplemente faltaba dibujarlo, pero Wright ya había hecho la fase previa, el trabajo de estudio y análisis. Y ya tenía una respuesta en forma de proyecto arquitectónico ¡qué importancia tenía el dibujo!

Lo que intento transmitir con este texto es la trascendencia de la inversión que supone el detenerse a pensar antes de tomar cualquier decisión. Me interesan más los pasos cortos y firmes que los largos e imprecisos. Antes de mover ficha, pensemos las consecuencias de nuestras acciones.

A los ojos de muchísima gente, los diseñadores de interiores simplemente nos dedicamos a decorar. Sencillamente, eso es una solemne tontería. La decoración, por poner un porcentaje, dudo mucho que llegase a un 5% de lo que es nuestro trabajo diario y nuestras atribuciones. Soy consciente de que muchos compañeros realmente es lo que hacen, pero nuestra filosofía como Estudio de Diseño de Interiores y nuestra forma de trabajar van muchísimo más allá de esa ridícula (en porcentaje) atribución.

Todos y cada uno de nuestros trabajos, de nuestros proyectos, son la respuesta a muchísimas situaciones que se sucederán a lo largo de las “vidas” de los espacios en los que intervenimos. Siempre me gusta recordar la importancia del equilibrio entre aspectos estéticos, funcionales y estructurales. Efectivamente, un espacio aunque inerte también se vive y son muchísimas las situaciones que en él ocurren. Todas y cada una de ellas, incluso las más improbables, las hemos de tener en cuenta y todas nuestras acciones deben ser una clara réplica a las mismas. No debe existir absolutamente nada que no tenga una finalidad, nada debe quedar al azar, aquí no sirve improvisar. Seguramente esa sea una de las diferencias entre un decorador y un diseñador o arquitecto de interior. Los segundos damos respuestas, buenas o malas, pero respuestas. Esas respuestas van más allá del color de un paramento, del tejido de unas cortinas y de la elección de un mobiliario.

Una cadena resulta tan fuerte como lo es su eslabón más débil. En interiorismo TODO lo que forma parte de nuestros proyectos son eslabones de esa hipotética cadena. Desde la manilla de una puerta, al tipo y grado de apertura de la lámpara elegida, pasando por la dureza del pavimento o el sistema de climatización seleccionado. Todos ellos y muchísimos más, son pequeños eslabones de una cadena lógica que nosotros, los interioristas o arquitectos de interior, entregamos a nuestros clientes en forma de Proyecto. Y este a su vez, responde a una necesidad previa planteada y contiene la respuesta a todas y cada una de las hipótesis que a lo largo de la vida de ese espacio se puedan suceder.

Si te ha gustado este artículo quizá te interese leer algo sobre el material más lujoso que puede utilizar un arquitecto. Y si no quieres perderte ningún post de este blog y recibir cómodamente en tu email y en primicia las últimas novedades o actualizaciones, suscríbete por email aquí. También puedes añadirnos a tu lector por RSS.

Fuente imagen de este post: Flickr Quacktaculous

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