El mundo que vivimos está repleto de objetos materiales con una masa, dimensión y estado reconocibles. Elementos que se pueden ver, tocar, sentir y reconocer como tal de un simple vistazo. Esta sociedad les ha otorgado un papel protagonista, dejando a un lado aspectos intangibles con capacidad de influir sobre la psique humana, factores emocionales.

En el momento de escribir este post miro a mi alrededor. En el estudio estamos rodeados por muestras de materiales de construcción, aparatos de iluminación que estamos probando, tejidos para elegir un tapizado para un proyecto… y así un sinfín de objetos, todos palpables, todos físicos.Tienda Apple New York

En pleno siglo XXI continuamos proyectando en base a un tratado de Arquitectura escrito en el año 15 a.C. Por entonces, Vitruvio definía la buena arquitectura como el equilibrio entre la Venustas (belleza), Firmitas (firmeza) y Utilitas (utilidad). Nos han educado profesionalmente en la misión de crear espacios en los que los aspectos estéticos, funcionales y estructurales se repartan el protagonismo y nos hemos aprendido la lección al pie de la letra. No nos hemos preocupado de desarrollar la idea. Trabajamos con esos elementos materiales buscando el punto de equilibrio sin reparar lo más mínimo en todo aquello que, por contra, no se puede medir, ni tocar, ni ver… aquello que afecta e influye en lo profundo de nuestras mentes.

No cabe duda que lo material es importante tanto en interiorismo como en la vida, pero quizá ha llegado la hora de marcarnos un punto de inflexión y comenzar a ver las cosas de otro modo. Ha llegado el momento de introducir una variable más en la ecuación, la arquitectura del futuro ya no podrá definirse única y exclusivamente en base a los tres pilares de Vitruvio.

Si bien los aspectos psicológicos, espirituales, sensoriales o las mismas experiencias que evocan los edificios creados por el hombre podrían enmarcarse dentro del contexto de su función (Utilitas), es tal la importancia que cobran en la actualidad que bien debieran estudiarse como integrantes de un capítulo propio.

El proyecto perfecto a los ojos de Vitruvio no tiene cabida a día de hoy y menos en un futuro inmediato. No seré yo quien se atreva a desdecir a Vitruvio, pero ya es hora de “revisar” su tratado con una versión adaptada a nuestros días. Venustas, Firmitas y Utilitas sí, pero debemos seguir avanzando y complementar la terna con multitud de intangibles.

En los espacios actuales no basta con elegir unos acabados, una iluminación y definir ciertos detalles constructivos para luego incluir un mobiliario pensado para cubrir ciertas necesidades. Cada vez es más importante tener en cuenta el marketing experiencial o el marketing sensorial: olores, música, ventilaciones, entradas de luz natural, el tacto de ciertos materiales, sonidos, etc.

Los elementos a tener en cuenta son infinitos, pero todos ellos a parte de ser estudiados desde los tres puntos clave de Vitruvio también deben ser tenidos en cuenta como elementos con la capacidad de despertar ciertas emociones, sensaciones o experiencias que aunque difíciles de cuantificar, no por ello dejan de ser importantes. Ya lo decíamos en un artículo anterior: “Ya no compramos cosas, compramos experiencias”.

El nivel de exigencia que nosotros mismos nos marcamos es muy alto y no nos conformamos con espacios íntegros con unas funciones concretas y tremendamente atractivos. La importancia de la atmósfera que desprenden, su capacidad de influir en nuestras emociones o su disposición para generar interacciones o experiencias agradables han adquirido un papel capital. Lo suficiente como para tener en cuenta en lugar preferencial estos aspectos a la hora de proyectar.

El futuro más inmediato tiende hacia una arquitectura cada vez más centrada en los intangibles. Si bien las bases históricas siguen -debieran seguir- siendo sólidas, el papel de los aspectos psicológicos y sensoriales será fundamental para que la arquitectura siga siendo de utilidad para la humanidad.

Imagen: Tienda Apple en la Quinta Avenida de Nueva York. Una de las tiendas más visitada de la ciudad con un ratio de ventas por metro cuadrado superior a Tiffany.

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