Solemos decir que «el buen diseño no es caro, el malo sí». Pero en esta ocasión te vamos a contar una experiencia propia y real que pone de manifiesto, y cuantifica, la influencia directa del diseño interior en la cuenta de resultados de un negocio, en este caso, de un restaurante. Puedes extender el efecto a cualquier tipo de negocio. Si no es este error será otro, pero si algo has de sacar de este texto es que los errores de diseño en negocios cuestan mucho dinero al empresario.

De forma clara y razonada observarás a qué (y a cuánto) nos referimos cuando decimos que un buen interiorista te puede salir muy barato, y un mal interiorista, o la ausencia de interiorista, puede ser la decisión menos rentable que hayas tomado en tu vida.

Todo es diseño, desde la elección del color de una silla hasta la configuración de la sala para optimizar el número de comensales de un restaurante y el trabajo del personal. Pasando por el tipo de suelo, iluminación, climatización, decoración, cocina, campana extractora, forma y disposición de la barra, atuendo de camareros, mantelería, cubertería, vajilla, etc, etc. Lo que ocurre es que no todo el diseño es bueno, o no todo el diseño está orientado en la dirección correcta. En ocasiones el diseño, en nuestro caso diseño interior, te hace ganar dinero y en ocasiones te hace perder dinero.

La neutralidad no existe en este aspecto. Si vas a abrir un negocio solo tienes dos opciones, apostar por un buen diseño interior o no apostar; lo primero te hará ganar dinero, lo segundo te hará perder dinero. No es posible pasar palabra. No elegir buen diseño es elegir mal diseño, y, en consecuencia, perder dinero. No apostar por tu negocio es apostar por la competencia. Te lo demostraremos a continuación con un caso real. Y cuantificaremos el dinero que podrías perder cada día por haber elegido un mal diseño interior.

El caso que te voy a contar ocurrió en un restaurante real, de cuyo nombre no quiero acordarme, de una ciudad real, de cuyo nombre prefiero no hablar. El restaurante, de reciente apertura, está muy bien ubicado. Digamos que está en LA calle. Es nuevo, está de moda, y su tipología de producto/comida también. Lo tiene todo para tener éxito, y de hecho lo tiene. Pero, ¿podría tener más éxito? ¿Se podría prolongar en el tiempo su éxito? ¿Se podría optimizar la inversión realizada, es decir, podría resultar (más) rentable? Obviamente, la respuesta es un triple sí.

Cuánto y cómo el diseño interior te hace perder (ganar) dinero en tu negocio

A tenor de lo mucho que aprendemos formando parte activa del Movimiento Incitus, la operativa, la que se puede ver, tiene alguna que otra inconsistencia. En todo caso, aparentemente, nada que impida su generosa popularidad actual. Lo que ocurre es que en ocasiones el éxito se comporta como la más opaca de las lentes, le nubla a uno el pensamiento, aletarga sus alertas primaras y le debilita en la feroz lucha del business. La única consecuencia segura de un planteamiento perfecto —insisto, perfecto en apariencia— es la ausencia de margen de mejora. Cuando en realidad siempre la hay.

La barra que hace perder a un restaurante 56.000 €/año por un (mal) diseño

Vayamos al grano. Observa la imagen superior. Sobre todo el perfil metálico vertical señalado con una flecha roja.

Para entender mejor el efecto lo simplificaré aislándolo del resto. Solo te hablaré del caso concreto de dos mesados altos como el de la imagen, «de esos con taburetes altos en los que la gente tarda poco en comer» —comentario más que habitual en el sector—. Dos mesados de este tipo se disponen longitudinalmente en la parte central de la sala, entre la barra (con otro clamoroso error en el diseño del sobre que dificulta el trabajo de los camareros) y una hilera de mesas bajas.

Como digo, para simplificar nuestro estudio reduciremos toda la problemática de la sala a estos dos mesados, a los que en lo sucesivo denominaremos barras, que están (mal) diseñadas con una capacidad de 8 comensales cada una, es decir, en total, tienen una capacidad de 16 pax.

Cuando yo llegué al restaurante con mi pareja (2 pax) ambas barras estaban ocupadas por 4 personas cada una: 8 pax en total. Una pareja en cada extremo de cada barra, tal como se puede apreciar en la imagen que representa una de las barras. 4 pax comiendo y muchos esperando. Es decir, ambas barras estaban al 50%, y sin embargo tuve que esperar durante hora y media a que una pareja acabara de cenar y se levantara. ¿Por qué no pudimos sentarnos en las plazas libres? Por el (mal) diseño de las barras.

Te propongo que vuelvas a observar con detenimiento la imagen superior. Intenta encontrar el problema —está claro, ¿no?—, y sobre todo busca una solución. Siempre la hay.

El tiempo pasaba y las parejas cenaban tranquilamente y disfrutaban de su noche de sábado bajo un ruido atronador —otro error de diseño. Porque la educación no hay quien la cambie—. Se hizo tan tarde que tan solo pudo sentarse otra pareja, además de nosotros. Es decir, en el pase de noche de un buen sábado, en las barras tan solo pudieron cenar 12 personas. ¿Por qué? Repito: por la falta de flexibilidad generada por el (mal) diseño de las barras.

Fíjate en la flecha roja. El perfil metálico vertical que sustenta las baldas superiores decorativas impide que la barra la puedan ocupar, por ejemplo, 3 parejas independientes de forma cómoda con un mínimo de separación e intimidad. Incluso, con 30 cm. más, podrían ocuparla 4 parejas. Sin embargo con este diseño, si queríamos cenar, habíamos de hacerlo codo con codo con dos extraños. Una vez más nos topamos con un diseño entendido como un mero recurso estético, cuando los objetivos empresariales debieran prevalecer: «Diseñamos interiores. Creamos negocios». Quizá ahora se entienda mejor nuestro lema.

Como resultado de una pésima decisión de tintes únicamente estéticos (luego demostraremos que estructuralemente se podía haber solventado de otra forma mucho más rentable para el restaurante), las plazas de al lado de los perfiles verticales están continuamente sin ocupar, salvo que el grupo sea de 3 o 4 personas.

Estas barras, en una noche de sábado, debieran haber completado como mínimo una rotación completa. Debieran haber cenado en ellas 16 pax en cada turno, esa es su capacidad. Es decir un total de 32 personas, cuando no más. Si suponemos una merma por adaptabilidad de grupos del 20%, 25 personas debieran haber cenado allí el sábado, y tan solo cenaron 12, menos de la mitad.


El restaurante dejó de facturar a un potencial 53% de clientes solo por el (mal) diseño de las barras, y en un solo pase. Si estimamos un ticket medio de 20 € por comensal —dato objetivo al dividir mi cuenta por 2—, la gracieta del (mal) diseño interior generó unas pérdidas de ingresos de 272 €. Insisto: solo por el mal diseño de las barras, y en un solo pase. A esto habría que sumar el plus de tiempo que invierte un camarero al levantar su bandeja de un sobre mal diseñado multiplicado por cientos de veces que lo hace al día, una deficiente comunicación con cocina y tantas y tantas otras decisiones equivocadas que se tomaron en este (mal) diseño. Pero ciñámonos a las barras.

Solo por el (mal) diseño de las barras este restaurante dejará de facturar 56.000 €/año, algo más de 1.000 euros semanales. Esto es el resultado de multiplicar la pérdida del pase del sábado por dos pases (comida y cena) y por solo dos días a la semana, que estimamos que el restaurante estará completo. En el resto de días, en principio, si el restaurante no está completo, esta errónea decisión tendría menos peso. Es un cálculo bastante optimista, pienso que el restaurante realmente está perdiendo mucho más dinero.

¿Solución? Fácil: un buen diseño interior

Quisiera insistir en que estamos reduciendo un (mal) diseño a una pésima decisión, en este caso en el (mal) diseño de un par de barras. Pero es importante recordar que en un Proyecto de INteriorismo se toman cientos de decisiones. Si todas van mal encaminadas, motivadas por simples requerimientos estéticos, podemos imaginar que la cantidad de dinero que está perdiendo este restaurante a diario es mucho mayor de la comentada.

Sin embargo, si el prisma empresarial hubiera estado claro, la decisión para solucionar el problema estructural en cuanto a las baldas decorativas sobre las barras hubiera sido muy sencilla: en vez de apoyar el perfil vertical en el suelo, podría haberse colgado del techo.

Y digo más, si el prisma es el adecuado, quizá, incluso, esas baldas superiores pudieran resultar prescindibles si no se les otorga ninguna otra función. Normalmente la estética por la estética no ofrece ningún beneficio al empresario. Sin embargo, la funcionalidad suele resultar infinitamente más bella y objetiva, además de rentable.

Los sueldos en hostelería son tan dispares como el blanco y el negro, color por cierto muy utilizado, también para pintar. Muchas de las decisiones de diseño de un restaurante, y casi cualquier negocio, giran en torno a la funcionalidad y la operativa diaria en aras de facilitar el trabajo del personal e incluso optimizar su cuantía. Supongamos un sueldo medio, ruego me disculpen, de 15.000 €/año. El restaurante del sábado bien pudiera haberse ahorrado un trabajador de haber optimizado las circulaciones internas.

Estaríamos pues en unas pérdidas anuales de algo más de 70.000 € provocadas por un (mal) diseño interior. Y vamos a dejarlo aquí, no sin antes recordar que estas pérdidas solo corresponden a 2 fuentes de error. Las decisiones tomadas, para bien o para mal, en un Proyecto de INteriorismo se cuentan por cientos. No tienes más que extrapolar y verás lo que te estás jugando con el diseño interior de tu negocio.

Y ahora, una vez fundamentado, permite que me despida con la frase del inicio:

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