Si te gusta la música y puedes acercarte al cine a ver Yesterday pasarás un buen rato. No por su desarrollo argumental, más soso y deshilachado que un proyecto de interiorismo desarrollado por un arquitecto 😛 Sino por las versiones actualizadas de los clásicos de los Beatles y alguna que otra lección comercial que bien puede, incluso, salvar la vida a tu negocio o hacerte feliz. Que viene a ser lo mismo.

No pretendo destripar la peli ni convertir este blog en un magazine del séptimo arte, sino extraer un par de conclusiones que pueden servirnos tanto para crear como para diseñar negocios exitosos. Pasaré de puntillas sobre algún spoiler pero, como las meigas, haberlos hailos.

Lecciones comerciales de los Beatles
La historia inicia con uno de tantos proyectos de fracaso musical. Una especie de Operación Triunfo en el que al menos el protagonista lo intenta por los medios adecuados. Entender la música desde la escucha y la composición, amarla, mamarla, tocar en antros para cuatro amigos y seis borrachos. Fracasar, fracasar y fracasar para, al final, volver a fracasar.

Porque si algo tiene el mundo musical es una cantidad ingente de competidores (músicos) para un número limitado de clientes que escuchan música enlatada gratis, un número más limitado de clientes que escuchan música en directo gratis, un número mucho más limitado aún, casi ridículo, que escuchan música en directo pagando y cuatro amigos que escuchan música enlatada de pago. Vamos, que hoy de la música vive Mick Jagger y cuatro más.

La implacable ley de los mercados

Si eres empresario seguro que todo esto te suena. Mercados reducidos, competidores infinitos y precios de risa. El negocio musical ilustra muy bien en lo que se está convirtiendo el mundo del retail en la actualidad. O la hostelería, con la que guarda una relación bastante cercana. Se ha pasado de artistas reverenciados y exclusivos que vendían igual obras de arte que composiciones de medio pelo, márgenes astronómicos y sectores herméticos con grandes barreras de entrada a la democratización impuesta por internet, que lo ha cambiado todo.

Ahora cualquier pelagato cree que puede componer y tocar en un festival. Algo que, a juzgar por los carteles estivales, pudiera parecer cierto. Pero no. En realidad tocan siempre los mismos. Y lo que es peor, cobran cuatro duros y a muchos les cuesta llegar a fin de mes. Esa es una realidad. Pero hay otra mucho más triste, fuera de esos carteles hay una cantidad ingente de proyectos musicales frustrados, ilusiones decepcionadas por esa manía tan 2.0 de hacernos creer que todo es posible con pasión y esfuerzo.

Pues no. No todo es posible por mucho que te apasione y por muchas horas que le eches al asunto. Incluso teniendo talento, como decía Julio Iglesias, harán falta mil cosas más. Y esto es lo que viene a contar la película.

Al final es una simple cuestión de estrategia, de oferta y demanda. Incluso aunque nunca hubieran existido los Beatles y tú fueras la única persona en el mundo que los hubiera escuchado, que supiera las letras y los acordes de sus canciones y que estuviera dispuesta a subirse a un escenario a escenificar su obra. Incluso en ese caso, tendrías muchas probabilidades de fracasar.

En los negocios no importa lo que somos, sino lo que los clientes perciben

Porque el éxito es la resultante de múltiples factores, una ecuación de infinitas incógnitas en la que el cambio de una sola conducirá a un resultado diferente. Un resultado que puede ser igual de bueno, o más, que el previsto. Pero en todo caso otro resultado.

Podrás componer y tocar en directo como nadie, incluso podrás subirte a un escenario con los mejores músicos a interpretar un desconocido Hey Jude y no emocionar ni Bustamante. Porque Beatles solo hubo unos. Y fueron cuatro. Y fueron posibles en una época determinada, con unos condicionantes históricos irrepetibles, con un corte de pelo ridículo (ahora), con un incipiente fenómeno fan, con dos genios de la composición que casualmente vivían en la misma ciudad, incluso con una Yoko Ono. Si a todo esto le quitas algo, menos a Yoko 😛 la historia hubiera sido diferente.

Así mismo funciona un negocio, que no es más que el resultado de infinitas variables, cada una con su peso en la ecuación, confabulando para generar un resultado que siempre es menor del esperado. Y, obviamente, nada que ver con el que creemos merecer. Pero si hay algo incuestionable es que en los negocios no importa lo que somos, sino lo que los clientes perciben.

Y por fin llega el éxito

En la peli el protagonista, que hasta ese momento coleccionaba fracasos de todo tipo, se encuentra con todo el repertorio de los Beatles en un mundo que, salvo él mismo, nadie los ha conocido. Pero el éxito no le viene al momento. Toca sus canciones repetidas veces y sigue fracasando hasta el punto que, decepcionado y abatido, reconoce que nunca triunfará porque él tan solo es Jack Malik, no John Lennon, al que por cierto visita al final de la peli y vive feliz a orillas de la playa, sin haber triunfado, sin Yoko, ¡pero vivo!

La razón por la que Malik no triunfa aun con el repertorio de los Beatles es la razón por la que fracasan muchos negocios. Porque no tocaba para «sus clientes», sino para todo el mundo. Porque tocaba en antros donde no había un solo amante de la música, no en The Cavern. En el momento que a Malik lo escucha el cliente/fan adecuado, un cazatalentos, un representante discográfico o el mismísimo Ed Sheeran, el despegue es vertical.

Los negocios son como una buena conversación. Tiene que haber dos extremos/interlocutores, un mensaje adecuado y un canal. Si falla algo no hay comunicación, y sin comunicación no hay negocio.

A Malik le faltaba un interlocutor interesado en su mensaje. Para triunfar tuvo que buscar un interlocutor interesando en su mensaje (canciones) pero también podría haber cambiado el mensaje, tocar otro tipo de música, o buscar otro canal, otro foro. Pero lo que nunca funciona es insistir en un mensaje equivocado o en un cliente que no esta interesado en tu música.

Esto no solo es un error habitual en muchos empresarios, sino en muchos interioristas, que insisten en plasmar su estilo personal en negocios que necesitan otro tipo de mensaje adaptado a sus clientes potenciales. El ego ha causado muchas muertes en la historia de la humanidad. Sin pretender compararlo, el mismo ego sigue causando muchos fracasos empresariales.

No hagamos como Malik, sigamos a los Beatles, que fueron capaces de simultanear y vender como iguales Let it be y The Yellow Submarine. Porque el momento lo pedía. Porque Lennon y McCartney no solo eran dos grandes genios musicales, sino dos grandes empresarios que pasarán a la posteridad como dos de los mejores compositores musicales de la historia cuando en realidad, hits como Here Comes the Sun o Something fueron compuestas por un infravalorado George Harrison.

¡Larga vida a The Beatles!

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