La fisura del necio

La verdadera belleza del milagro de la vida se encuentra en las pequeñas cosas, en la simplicidad natural de un elemento único, en un aroma o en un color. Hay vida en un edificio. Hay bonitas historias detrás de un diseño. También tristes. Pero nada permanece inmóvil. La vida no. El diseño tampoco. Solo el necio llora la vida del diseño. Solo el necio coarta el movimiento. Solo el necio pretende una piedra inerte.

¿Hay vida en un edificio? Evidentemente sí. Pero… ¿hay vida en el hormigón armado que sostiene un edificio? Evidentemente sí.

Todo cuerpo inerte se puede dotar de vida. La tierra, y el ser humano que la habita, generan tensiones, una más explicables que otras. La tensión deviene en movimiento y expone la vida a la fragilidad de todo cuerpo inerte. El hormigón, armado o no, es frágil, y por definición se adorna con fisuras —deteriora diría alguno—, incluso grietas.

Observa la siguiente fotografía.

Barandilla de hierro en el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología (MUNCYT) de A Coruña.

¿Hay vida en el hierro? Evidentemente sí.

Esta barandilla de hierro se encuentra en el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología (MUNCYT) de A Coruña, proyectado por los arquitectos Victoria Acebo y Ángel Alonso en 2006 para albergar un conservatorio de danza y un museo de arte. La vida, la crisis, e intereses ocultos, hicieron que acabara siendo lo que es, un edificio con más vida propia que la que aportaron sus responsables.

El viento, el agua y el paso del tiempo dibujan un llanto férrico en el suelo. Una belleza imperfecta a merced de la vida para disfrute del sagaz, que no del necio.

La belleza de la arruga, la naturalidad de la imperfección, la confirmación de la evolución, la inteligencia del sabio, la visión presente de la vida futura.

El diseño es vida, la materialidad también. La fisura del hormigón es bella, natural, necesaria. El crujir de la madera es bello, natural, necesario. El óxido es bello, natural, necesario. Si quieres un cuerpo inerte, sin vida, siempre tendrás el plástico. Si amas la vida, contempla la evolución de los materiales, disfruta y acepta los retorcidos minutos que anticipa un buen diseño. Porque eso es diseñar, planificar la vida.

Observa una fisura. Imagina el Universo detrás de ella, dibujando la vida. Sin fisuras no hay vida.

La barra, de hierro macizo, se va oxidando por efecto de los agentes meteorológicos, con lo que se rodea de una capa de iones de hierro (II) y de hierro (III), que le dan ese color característico. Al ser arrastrados, fundamentalmente por el agua de lluvia, caen al suelo dibujando una huella. Este dibujo tendría una forma muy semejante a la de la barra si no soplase el viento, pero de hecho se desviará más o menos de esa forma en función de la frecuencia e intensidad eólica en las distintas direcciones.

Todos los átomos de hierro que podemos ver en esta instalación, en la barra o en el suelo, fueron creados en la explosión de una supernova hace miles de millones de años. Luego estuvieron presentes en la formación del Sistema Solar, cuando les tocó permanecer en nuestro planeta. Y aquí el hierro está presente en los seres vivos, en minerales y también en muchos objetos hechos por el Homo faber (el hombre que hace o fabrica). En Galicia comenzó a trabajarse en el siglo VII a.C. La Edad de hierro viene marcada por el castro como elemento del paisaje. Con esta pieza devolvemos a la tierra un poco del hierro que le quitamos con la metalurgia.

Ángel Alonso y Victoria Acebo, 2010. Inscripción al pie de la barandilla. 

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