Una mañana del pasado marzo, revisando el email mientras esperaba el embarque en un vuelo Madrid-Coruña, llamaba mi atención el mensaje de un amigo conocedor de mi querencia por el autoconsumo eléctrico. «60.000€ de sanción…», rezaba el asunto. Antes de leer el resto del email, la ira ya se había apoderado de mi.

Curiosidades de la vida, hace unos días, de nuevo en el asiento de un avión de Iberia, me encuentro el siguiente titular en la revista de la compañía: «Estocolmo. Diseño por naturaleza». Un poco más abajo, un subtitular añadía sal a la herida: «A orillas del Mar Báltico se encuentra una de las ciudades ‘ecointeligentes’ más admiradas del mundo…». Y en esta ocasión, siento rabia e impotencia. Por no hablar de que, en ocasiones, quisiera ser sueco.

Estocolmo, Suecia.

No es mi intención enturbiar el contenido de este blog con opiniones políticas, ni mucho menos. Pero tampoco podemos negar que el consumo, o autoconsumo eléctrico, guarda relación directa con el diseño, y ese sí es el tema central de este blog.

Todo aquello que tenga que ver con la sostenibilidad, eficiencia, ecología, responsabilidad para con el planeta… tiene que ver con el trabajo de un diseñador, y a pesar de la opinión del gran Souto de Moura, con la que coincidimos plenamente, merece la pena prestarle atención a lo que está sucediendo.

Regulación/penalización del autoconsumo eléctrico

Meses atrás se regulaban las medidas a adoptar por las instalaciones de autoconsumo eléctrico, tanto por las existentes como por las futuras. Según mi modesto entender, por aquellas fechas, un pretencioso interés sobrevolaba las instalaciones eléctricas y huertos solares de este país: inundar los medios de comunicación con titulares alarmistas que hiciera tambalear a más de una buena, y sostenible, intención.

Sesgados titulares como los que hacían referencia a las famosas sanciones de 60.000€ cumplieron, pienso, su objetivo. La duda se apoderó de todos los que teníamos una mínima esperanza de reducir nuestras facturas de luz, a la vez que contribuiríamos a un consumo energético más verde y más responsable.

La prensa mundial se hizo eco de la situación. El Wall Street Journal puntualizaba que en España las sanciones por autoconsumo eléctrico eran iguales que las aplicadas a fugas radiactivas muy graves. Pero había algo más, de entre todas las medidas adoptadas, había una en concreto, que aun siendo intencionadamente enmudecida, era especialmente sangrante: el peaje al autoconsumo. Todos aquellos que apuesten por el autoconsumo deberán pagar un peaje mayor que cualquier usuario convencional, que hará que la rentabilidad descienda en gran medida y la amortización de una instalación media de autoconsumo eléctrico pase de 20 a 33 años.

No deja de ser paradójico que años atrás el gobierno apostase firmemente por las energías renovables, llegando a subvencionarlas e incluso apoyamdo el nacimiento de nuevos empresarios que, de la noche a la mañana, cambiaron sus huertos de trigo y girasol en las llanuras de Castilla por huertos de paneles solares. Y no es menos paradójico, una vez más, que muchos de los impulsores de estas medidas, a día de hoy ocupen asientos en los consejos de administración de las principales eléctricas del país, las cuales no destacan precisamente por sus verdes ideales/intenciones.

Suecia. La diferencia está en lo más básico, la educación

Ojeando la revista de Iberia, me encuentro el siguiente titular: «Estocolmo. Diseño por naturaleza». A continuación una entradilla bucólica y esperanzadora: «A orillas del Mar Báltico se encuentra una de las ciudades ‘Ecointeligentes’ más admiradas del mundo. La combinación de diseño y cuidado por el medio ambiente han otorgado a Estocolmo el título de primera capital sostenible de Europa».

El artículo no tiene desperdicio, si tienes ocasión de leerlo no te lo pierdas. Habla de barrios, comercios, hoteles y costumbres que, desde aquí, parecen de cuento futurista. Sin lugar a dudas el pensamiento sueco es la antítesis del nuestro, y no voy a esconderlo, por momentos me hubiese gustado haber nacido en Suecia.

«Desde los años 90, Estocolmo ha apostado decididamente por un modelo que la convirtió en el año 2010 en la primera ciudad galardonada con el premio de la Capital Verde Europea. En la ciudad ecológica, como la llaman ya muchos, el 80% de la demanda energética de calor se genera mediante un sistema de calefacción que se alimenta de los residuos, uno de cada tres autobuses funciona con biogás o etanol, hay placas solares en las fachadas para generar electricidad y hasta el agua de lluvia se reutiliza para los cuartos de baños».

Llama la atención que en una ciudad como Estocolmo —latitud 59º N— empleen paneles solares en las fachadas de los edificios, y aquí, en España —latitud Madrid: 40º N—, que vendemos sol a los que nos visitan, ahora pretendan convencernos de que los paneles solares no son rentables. ¿No son rentables para quién, o para qué?

Es importante mirar al futuro no solo en clave económica. Pretender tangibilizar económicamente el autoconsumo es un pretencioso y maquiavélico error que no debemos aceptar. Nuestro futuro, y lo más importante, el de nuestros hijos, depende de ello.

Imagen Estocolmo por Brorsson (Own work) bajo licencia [CC-BY-SA-3.0], via Wikimedia Commons.

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