¿Hablar de identidad en un blog de interiorismo? Sí, lo sé, puede sonar a rajada pseudofilosófica de aquellos —creativos— que se autodenominan artistas. Pero nada más lejos de la realidad. Lo cierto es más bien todo lo contrario. Sin identidad, todo lo que haces está virtualmente muerto, es un simple atuendo, una vestimenta sin irrigación que tarde o temprano caerá y descubrirá tus miserias.

Para acabar con el halo filosófico de la cuestión te diré que este texto proviene de la inspiración provocada por una discusión futbolística. El fútbol y sus equipos han perdido completamente su identidad, entre otras cosas. Los equipos y por ende sus dirigentes, o sus dirigentes y por ende sus equipos, o más bien esta sociedad y por ende sus agrupaciones, sean estas del tipo que sean, se mueven cual pollo sin cabeza en búsqueda de éxito inmediato. Podría decirse incluso que esto mismo es la consecuencia de la tremenda y errónea aceptación de las modas que, mal llamadas tendencias, está sufriendo tanto el interiorismo en general como el diseño comercial en particular.

Identidad, «conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás». Está sobradamente demostrado que para triunfar en el competitivo mundo de los negocios, además de ser bueno, quizá ser el mejor, has de ser diferente. «O eres diferente o eres barato», mantiene el genial Guy Kawasaki. Y no hay cosa más diferente que dos seres humanos entre sí. Ser uno mismo implica ser diferente y dar el primer paso hacia el éxito.

Humildemente, este es el mayor error que encuentro en la mayor parte de diseños comerciales que observo en la actualidad, la ausencia de identidad, y cuando digo mayor parte quiero decir casi todos. Adolecen de identidad.

Sin embargo, a menudo nos encontramos negocios funcionando a la perfección que ni son bonitos, ni ofrecen la mejor atención, ni dispensan el mejor producto. Pero son auténticos, y con eso van sobrados empresarialmente hablando.

La Bombilla. Bar cafetería cervecería Coruña.

Corre sangre bajo su piel, desprenden el calor humano de la verdad. No engañan. Este es el caso de La Bombilla Bar, en Coruña. Un bar-cafetería-cervecería que lleva años sirviendo escalopes normales en platos de plástico con servilletas en botes de Cola Cao y que normalmente te tienes que comer de pié, en la calle. La Bombilla tiene un certificado de excelencia de Trip Advisor y la friolera de 248 opiniones en ese portal a día de hoy, la mayoría positivas. Por cierto, otro ejemplo más de que «el diseño no es (necesariamente) bello». A pesar de todo no deja de haber diseño dentro de La Bombilla. Por cierto, siendo sincero y dada la oferta existente, yo no se lo recomendaría a un amigo.

Ser auténtico es el primer requisito del interiorista comercial. Ser fiel a una personalidad, a un modelo de negocio y a unos atributos únicos e intransferibles.

La autenticidad, o la identidad, deben funcionar como el contenedor donde volcar todas nuestras ideas. Si nuestros aportes creativos no pasan el filtro de la identidad es que no son lo suficientemente buenos, nunca serán compatibles con el proyecto que estamos creando, y por supuesto, no están lo suficientemente trabajados.

Existe una relación directa entre identidad, trabajo y talento. Es relativamente fácil para un profesional del diseño adaptar ideas, absorber conocimientos y aplicar conceptos de forma aislada y heterogénea. Pero normalmente el resultado de este puzzle creativo no es sino un lienzo facilón rebosante de pinceladas en colores más o menos atractivos pero falto de mensaje, sin continuidad, sin historia. Dalí era un genio, qué duda cabe, pero nunca podría haber pintado un Van Gogh como Van Gogh.

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Para sostener la identidad y que esta a su vez sostenga un negocio hace falta un laborioso y preciso trabajo previo de análisis. Muchas veces es el propio empresario el que no ha hecho los deberes, el que no se ha parado a pensar cómo es o cómo quiere ser. Y, en caso de que el empresario lo tenga claro, es labor del interiorista trabajar el diseño para que este contenga los rasgos identificativos del negocio y el empresario.

Es posible que esos aspectos diferenciales no tengan, o no deban, dependiendo del caso, ser trasladados al diseño de forma preferencial. Pero, en cualquier caso, el diseño comercial será el esqueleto que aguantará ese negocio con su idiosincrasia particular. Por tanto siempre ha de tener en cuenta la identidad comercial.

La identidad suele estar detrás de los negocios que funcionan a pesar de no ser los mejores en nada. No lo olviden empresarios. No lo olviden interioristas.

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