No quiero un interioristaHay un concepto muy extendido en el mundo del marketing que dice que la gente no compra taladros, compra agujeros en la pared. De la misma manera que no compramos teléfonos sino la posibilidad de hacer llamadas o permanecer en contacto con nuestros amigos y familia —además de presumir de nuestras vacaciones en Facebook—. Tampoco compramos coches sino la posibilidad de desplazarnos —puedes añadir lo que quieras—. No compramos carne, ni pescado, ni café, ni billetes de autobús, ni pisos… No compramos cosas.

No compramos objetos o servicios sino aquello en lo que nos convierten o, dicho de otro modo quizá más llamativo, el ser humano es egoísta por naturaleza. Pero ojo, no existe en este caso acepción negativa, este egoísmo es el que hace que la Tierra gire. Pongamos los pies en ella pues.

Cuando entro en un restaurante no quiero una hamburguesa, quiero saciar mi hambre, silenciar mi gula o regalar un festín a mis sentidos. Busco una experiencia determinada, por eso es crucial conocer las preferencias de tu público, porque aun en el mismo restaurante no buscará lo mismo un chaval de veinte años que un padre con hijos de diez.

Giremos la tortilla. Yo, como dueño del restaurante, tampoco busco clientes, busco vender mis hamburguesas, cuantas más mejor. Quizá te parezca lo mismo pero la diferencia, aunque sutil, es crucial para que el negocio crezca. No es lo mismo conseguir clientes que vender hamburguesas. El interiorismo puede hacer mucho por ambas cuestiones pero nunca llegarás al Polo Norte si te diriges al Polo Sur.

En ocasiones nos llegan emails o preguntas en alguna red social del tipo «¿de qué color pinto una óptica?». Tenemos por norma no asesorar a distancia y mucho menos con información sesgada y parcial, pero solemos responder con un «depende» —somos gallegos, qué esperabas—. Ya sé que existe la psicología del color, diversos estudios que concluyen en las emociones que provoca cada combinación RGB y teorías varias, pero diseño es antónimo de teoría.

Diseñar interiores es dar respuesta a una necesidad concreta en un lugar y momento determinado.  

El color de tu óptica depende de múltiples aspectos que contribuirán de forma conjunta a generar una experiencia del cliente, sin olvidarse de la experiencia del trabajador claro. Por ello, antes de decidirlo, hemos de pensar en cómo es nuestro target y qué espera de nuestra óptica.

Ahora permíteme que te hable de nosotros, aunque soy perfectamente consciente de que te importa un carajo lo que hacemos.

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Quizá hayas llegado hasta aquí buscando un interiorista. Pero en realidad no quieres un interiorista. Eres egoísta como yo, como todos. Y un interiorista, salvo que se pueda colgar en la pared del salón, no tiene ninguna utilidad. ¿O sí?

Pus sí. Sí la tiene, qué voy a decir yo. Un interiorista es probablemente la herramienta más efectiva y económica de las que dispone un empresario para vender hamburguesas. Y eso es lo que andas buscando, al menos es lo que deberías buscar. Un interiorista que te ayude a vender hamburguesas, a mejorar tu negocio y, en definitiva, a vender más, vender más a menudo y, si es el caso, vender más caro.

¿Admites un consejo? Te lo voy a dar de todos modos:

No busques un interiorista sino aquello en lo que te convertirá.  

Imagen: pulguita vía Compfight cc

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