Pollock y el interiorismo corporativo, este cuadro de Pollock—por ejemplo—es el más caro del mundo: No. 5

Jackson Pollock, “No. 5”. El 4º cuadro más caro del mundo

La necesidad más recurrente del cliente tipo que acude a un estudio de interiorismo corporativo es la siguiente: «quiero algo diferente y estéticamente rompedor». Y yo suelo responderles esto: «bien. Si quieres algo diferente y estéticamente rompedor cómprate un Pollock».

Jackson Pollock fue un influyente pintor estadounidense y una importante figura en el movimiento del expresionismo abstracto. Era reconocido por su estilo único de salpicar pintura.

Seguramente ninguno de nosotros podríamos pagar un Pollock. Pero aunque pudiéramos, seguramente un Pollock no haría tanto por nuestro negocio como un buen interiorismo corporativo —sí. Me he venido arriba.

Resulta cansino comunicar una y otra vez los valores fundamentales del interiorismo corporativo a cada cliente que entra por la puerta, muchas veces confundidos por la ineptitud del rancio y banal intrusismo decorativo que sufrimos. Pero a falta de un ente u organización sectorial con arrojo, notoriedad y claridad de ideas para hacerlo, no queda más opción que predicar, predicar, predicar, predicar y predicar que los valores del interiorismo comercial van mucho más allá de la mera estética.

Si así fuera, si bastara con buscar la belleza por la belleza, todo sería más sencillo. Pero por suerte para los empresarios más avezados, aquellos que han sabido ver el potencial del buen diseño y gozan de cierta ventaja estratégica, la estética no es suficiente y la mayoría de su competencia todavía no se ha enterado. ¡Eh Empresario, no lo estás entendiendo. El diseño no es belleza!

Qué es estético y qué no es estético. Estética (según la RAE: «artístico, de aspecto bello y elegante») es un concepto de lo más subjetivo. Por ejemplo, podrías odiar la pintura de Pollock. Y es precisamente esa subjetividad la que otorga al buen interiorismo su verdadero potencial.

¿Qué hay de bello en un calcetín blanco enfundado en una sandalia de cuero? ¿Nada? Pues para gran cantidad de alemanes sí lo hay. Imagina que fueran clientes tuyos. ¿No deberías cambiar tus cánones de belleza? ¿Y tu escala de valores, es conveniente mantenerla o deberías prestar atención a los rasgos fundamentales de tu target? Deja que responda yo, tu concepto de belleza le importa una mierda a tu cliente. Por tanto, a nivel empresarial tu concepto de belleza debería importante a ti lo mismo que a tu cliente, es decir, una mierda.

Y voy más allá, a tu cliente ni siquiera le interesa lo que para él/ella es bello. Lo que busca es aquello en lo que se convierte después de haberte conocido. Esto es ir más allá, te recomiendo la lectura de este artículo: «No quiero un interiorista. Quiero vender hamburguesas».

En definitiva, no busquemos la belleza, ni siquiera sabemos qué diantres es. Pensemos en nuestro cliente y busquemos la relevancia diferencial, esa es la clave.

Como empresario, antes de emprender, y por supuesto antes de encargar un proyecto de interiorismo corporativo, debes plantearte las siguientes preguntas:

  1. ¿Qué es relevante para mi cliente? Ahí tenemos una necesidad y una respuesta que dar. Esto es relevancia.
  2. ¿Cómo responde mi competencia a esa necesidad? Tú debes responder de otra forma. Esto es diferencia.

No hay más caminos. Estética sin objetivos es solo arte, y no nos interesa. Lo único que importa es la relevancia diferencial. Insisto, RELEVANCIA DIFERENCIAL.

Un buen interiorista corporativo es un 20% interiorista y un 80% estrategia. Si me apuras, hasta cierto punto, el interiorismo se aprende. Hay muchas escuelas para ello. El concepto estratégico-empresarial se puede cultivar, pero se tiene o no se tiene. Empresario, ahí tienes tu diferencia. No busques belleza. Busca respuestas.

El buen interiorismo corporativo aparece como respuesta a una necesidad, viene a solventar un desajuste, cerrar un círculo, suavizar una experiencia. Da igual si el acabado es mate o brillo. Lo que importa, lo único que importa, son los 5 sentidos de tu cliente. Remover algo por dentro. Hacer que cuando llegue a casa se acuerde de ti. No del espacio, no del acabado mate o brillo, ni siquiera de lo que ha comprado. Sino de la experiencia, de la marca, de aquello en lo que se ha convertido gracias a ti.

Recuerda, relevancia diferencial. La belleza no importa una mierda.

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