¿Es mucho o poco 1 milímetro? ¿Puede influir 1 milímetro en los costes directos de un proyecto? ¿Hasta qué punto puede condicionar 1 milímetro la ejecución de una reforma? La clave de la cuestión no se encuentra tanto en el milímetro, sino en la acumulación sucesiva y exponencial de errores que se pueden dar en una ejecución.

Un milímetro es aparentemente una dimensión pequeña pero en ocasiones se convierte en la fuente de importantes quebraderos de cabeza, al menos en Diseño y Arquitectura Interior. Aunque en otras profesiones pasaría desapercibido, en el mundo de la decoración e interiorismo, a menudo debemos tener en cuenta detalles que requieren de muchísima precisión. Más de la que muchos -incluso profesionales- creen.

Los milímetros si importan

La familia de la construcción engloba un enorme elenco de profesionales de diferentes tipos para los cuales, dependiendo de su cometido, un centímetro de error podría suponer una mera anécdota o por el contrario un terrible problema por solucionar. A medida que el proceso constructivo de una obra se desarrolla es frecuente que los profesionales requieran de una precisión mayor.

Resulta de vital importancia controlar de forma escrupulosa las fases iniciales del proyecto, pues los operarios que intervienen en estas partidas suelen generar acabados más “toscos” y de cierta relajación tanto cualitativa como cuantitativa. No en vano estos errores -mínimos para ellos- se trasladarán en el tiempo y se convertirán en insalvables, con el agravante de que lo que al inicio era tolerable, al final es inaceptable. Y hay otro perjuicio más: los costes de subsanación siempre son mayores que los de ejecución.

Debemos entender la construcción como una sucesión de hitos acumulativos. De tal forma que un error en uno de ellos afecta a los siguientes, salvo contadas ocasiones en las cuales podremos rectificar por el camino.

Por desgracia los albañiles suelen pensar en metros y centímetros, como si su flexómetro careciese de milímetros, que lógicamente no es así. Electricistas, fontaneros y similares trabajan en centímetros, aunque para detalles concretos los milímetros son importantes. Luego están los carpinteros, más bien ebanistas, para ellos los milímetros son un mundo. Y no digo nada para los pintores, colocadores de vinilos o papeles para revestir paredes y profesionales que confeccionan cortinas o estores.

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Para alcanzar este nivel de detalle máximo, aparte de voluntad, conocimientos y la siempre importante experiencia, resultan imprescindibles unas herramientas de calidad y en buenas condiciones -doy por hecho que contamos con buenos profesionales-.

En muchas obras he visto niveles de burbuja en tan mal estado que las garantías de nivelación que ofrecen son exactamente… ninguna. En ese sentido, los últimos avances tecnológicos, como la llegada de los niveles láser, por poner un ejemplo, han facilitado mucho la precisión y la facilidad de ejecución de muchos trabajos, hasta el punto de convertirse en imprescindibles para el sector.

En nuestras obras siempre inculcamos a los operarios la necesidad de trabajar con la máxima precisión posible. Aunque su “tajo” específico no lo requiera, probablemente si lo requerirá el siguiente eslabón del proyecto. Hacerlo de otro modo supondría una falta enorme de compañerismo y desconsideración hacia el trabajo de los demás.

Alcanzar un buen resultado final pasa por controlar todas y cada una de las fases precedentes con el máximo nivel de detalle, precisión y rigor. Ese es el precio que debemos pagar por la gratitud de un buen resultado.

Imagen: Wikipedia Commons

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