Ser INteriorista es jodidamente interesante. Es resolver situaciones más o menos complejas aquí, en la Tierra. El cielo y los Mundos de Yupi los dejamos para el arquitecto. Los cuadros y las cortinas para el decorador, y la estricta normativa sobre formatos de pintura en las cavernas para los Colegios.

Qué significa ser interiorista, definiciones de puño y letra de Iván CotadoSer INteriorista es lidiar con «clientes» que piden un «lavado de cara» cuando quieren un «cambio de sexo» a precio de un «corte de pelo».

Ser INteriorista es tener paciencia, es esperar. Esperar la musa, esperar la idea, esperar al cliente, al de verdad, que los hay, no al que te hará perder tiempo y energía.

Ser INteriorista es regalar, es ser generoso. Tan generoso como idiota. Regalar tiempo y paciencia. Regalar formación. Regalar sonrisas. Regalar ideas. Para muchos un INteriorista es como una enciclopedia de ideas. Creen que con una caña y una visita al espacio en cuestión —eso sí, cuando salen del trabajo— las ideas brotan cual geranio en primavera.

Ser INteriorista es demostrar. En cada esbozo, en cada conversación, en cada anteproyecto, en cada idea… Ser interiorista es dar de comer y jugarte la cuenta en el postre.

Ser INteriorista es ser veloz. Veloz como un guepardo y preciso como un arquitecto, de interiores claro. Dibujar papeles no requiere tiempo, solo es ponerse. Tener ideas tampoco, están en la enciclopedia. Ahora, poner un ladrillo encima de otro ya exige tiempo, experiencia y talento. Al menos eso dicen.

Ser INteriorista es aceptar que te juzguen por lo que se ve. Lo que hay detrás de la pintura no sale en las fotos.  La pasta que se ahorra tu cliente tampoco. Todo empieza y acaba en un «no me gusta», o lo que es peor, en un «me gusta» que te deja en blanco.

Ser INteriorista es ser permeable. Aceptar que tus clientes han estudiado en la misma universidad que tú y, por supuesto, con mejores notas. Tú analizas, tú imaginas, tú dibujas… ellos deciden. A veces es difícil entender por qué te contratan.

Ser INteriorista es asumir riesgos. Riesgos impuestos por el «quiero algo diferente» sin caer en la cuenta de que solo el valiente se atreve a ser diferente. Porque para ser diferente hay que imaginar, hay que crear, hay que volar y nunca pisar tierra firme. Ser INteriorista es ser diferente per se. Copiar es más fácil y seguro, seguro de fracaso.

Ser INteriorista es ahuyentar las modas creadas por «decoradores» al servicio de mercaderes del gusto. Es retorcer el destino para no cruzarse con el ego de algún arquitecto despistado huyendo de las artísticas goteras de su «obra».

Ser INteriorista es luchar, luchar contra el desconocimiento, luchar contra el descrédito, contra el vendehumos, el cuelgacuadros, el artista, el aprovechado, el dibujante, el colocamuebles. Ser interiorista es ser valiente, de nuevo. Volar. Volar. Volar y luchar, aquí, en la Tierra. Ya sabes.

Ser INteriorista es ser honesto. No engañar. No engañar. No engañar. Ser interiorista es resolver problemas a través de la prescripción. Es encontrar la mejor solución. Ser interiorista es diseñar y prescribir, diseñar y prescribir, diseñar y prescribir. Prescribir y diseñar es otra cosa. Prescribir y diseñar es, simplemente, comisionar. Prescribir y diseñar es engañar. Eso no es ser interiorista.

Ser INteriorista es invertir. Invertir tiempo en ver, observar, analizar y charlar un rato… y «que me des unas ideas». Ser interiorista es dar, ofrecer y aceptar que se espera de ti una genialidad, un amplio y despejado espacio en el trastero, un zulo iluminado o una escalera plana. Algo que te haga merecedor del designio, de que te hayan elegido por delante de la sobrina del tío, aquella con tanto gusto.

Ser INteriorista es ser todo esto. Es Ser. Y para Ser, es necesario ser libre. Ser INteriorista es… Ser Libre.

Imagen Joshjanssen.

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