En ciertas ocasiones, cuando ojeo webs y blogs sobre retail, arquitectura comercial o diseño interior en general, observo con estupor proyectos faraónicamente ostentosos y nada funcionales que parecen perseguir únicamente saciar el ego de su proyectista. Afortunadamente no ocurre a menudo, pero si lo suficiente para merecer esta reseña en el blog.

Arquitectura comercial. Menos vanidad y más calidad.

Toda esa parafernalia meramente estética y vanidosa consigue desviar el motivo final del encargo que no debiera ser otro que diseñar negocios rentables empleando como arma la arquitectura comercial.

La arquitectura comercial es un medio, no el fin.

La decoración, ambientación o diseño de un local comercial, debe entenderse como un contenedor pensado y creado para ensalzar las virtudes de su contenido, el producto, y favorecer la convivencia y relaciones humanas en el interior del mismo.

Absolutamente todo debe estar pensado para favorecer la disposición del producto, las ventas y la experiencia de usuario. Ante cualquier toma de decisiones, el contenido siempre se antepondrá al continente.

Cuando nos compramos un taladro realmente no estamos pagando por una herramienta. Estamos pagando por unos agujeros. En arquitectura comercial ocurre algo semejante. Si vendes gafas, nuestro objetivo será ayudarte a vender muchas gafas. ¿Cómo lo vamos a conseguir? Diseñando un espacio atractivo, cómodo, funcional y todos los adjetivos que se te ocurran y más, pero siempre pensando y tomando todas las decisiones para que el auténtico protagonista del espacio sea tu producto, en este caso tus gafas, y no nuestro proyecto.

Repito aun a riesgo de ser pesado: no convirtamos la arquitectura en un fin, nuestro trabajo y lo que nosotros vendemos es un medio para alcanzar un objetivo y como tal debemos entenderlo y respetarlo.

Cuando un cliente paga por la arquitectura comercial de su negocio no está pagando por un local comercial espectacular y llamativo. En realidad está pagando porque ese diseño interior le ayude a vender más, a atraer clientes a la tienda, a que estos tengan una óptima experiencia de usuario…

Está pagando para que entren más comensales en su restaurante, para poder exponer un mayor número de pantalones en su tienda de ropa, para sacar más metros de barra en su bar de copas, para optimizar el tráfico interno de clientes en su almacén de construcción, incluso para seleccionar el tipo de cliente que entra al negocio.

El cliente tiene múltiples y variados objetivos, pero nunca alimentar el ego del proyectista se encuentra entre sus prioridades. Desconfía de profesionales y proyectos con una enorme carga estética, es muy probable que adolezcan de funcionalidad.

Con todo esto, no quiero decir que la estética de un espacio no deba ser cuidada, pensada y adquiera una presencia importante. Todo lo contrario. Ante todo somos Diseñadores de Interior y no hay duda de que la estética es decisiva en nuestro trabajo, incluso vital diría yo a la hora de perseguir ese fin que busca nuestro cliente.

Recordemos por enésima vez, que la utopía de todo buen diseñador es alcanzar el equilibrio entre los aspectos estéticos, funcionales y estructurales. La experiencia y las características propias de cada proyecto en cuestión nos ayudarán a decidir en cada momento los porcentajes adecuados para cada uno de ellos.

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